El arqueólogo señala que uno de los problemas para
rechazar el proyecto de Vázquez Consuegra es la construcción de centenares de micro
pilotes alrededor de los pilares medievales
Fernando
Fernández Gómez | en Diario de Sevilla
PREOCUPADO
por nuestro patrimonio, voy siguiendo con interés desde un principio toda la
problemática que rodea a las Atarazanas y el proyecto de restauración del señor
Vázquez Consuegra. En muchas intervenciones se ha hablado de arqueología, pero
nunca hemos querido intervenir, a menos que se nos haya invitado expresamente a
ello, pues consideramos que no es en la actualidad la arqueología el problema
principal del monumento, sino el edificio en sí, y éste es más un problema de
arquitectura. Un problema de arquitectos, que saben medir y lo que hay que
medir, y calcular y lo que hay que calcular. Los arqueólogos nos dedicamos más
a sacar los materiales depositados, basura o tesoros, e interpretarlos. Y esto
no es lo esencial en las Atarazanas, aunque al excavar puedan aparecer restos
de la muralla, almorávide o almohade, y quizá alguna puerta y hasta alguna
torre cuya existencia ignorábamos. Pero esto no es lo esencial en las
Atarazanas, porque si se excavan ahora, conoceremos nosotros esos lienzos de
muralla y esas torres y esas puertas, y si no se excavan, ahí seguirán
enterradas hasta que otros más capaces que nosotros lo hagan. Y entonces
quedarán exentas y podrán disfrutarlas quienes lo hagan, porque nadie las habrá
destruido, ni modificado, ni enmascarado.
Con el mismo interés que otros anteriores, he leído el artículo de mi querido
amigo Fernando Amores, arqueólogo y profesor de la Universidad que presume, y
puede hacerlo, de haber tenido el privilegio de conocer las Atarazanas mejor
que ningún otro arqueólogo, por haber trabajado en ellas. Y es verdad que ha
tenido ese privilegio, y algunos otros, pero después de decirnos en algunas
publicaciones lo que ha encontrado, todos podemos conocer lo arqueológicamente
importante que hay en ellas, tan bien como él. Por eso, y por sentirme con
suficiente autoridad, después de 50 años dedicados a la profesión, y muchos de
ellos en puestos de responsabilidad, para contestarle. Lo hago movido, sobre todo,
porque el señor Amores considera que el silencio de los arqueólogos significa
que están de acuerdo con el proyecto. Y nada más lejos de la verdad. Quiero
recordar que una de las primeras denuncias contra el proyecto partió de la
Academia de Bellas Artes de nuestra ciudad, y en el escrito enviado a la prensa
se defendía literalmente que en el monumento sólo eran "admisibles obras
de conservación, mantenimiento, consolidación, acondicionamiento y
restauración". Y el escrito fue redactado, por encargo de un Pleno, por
arquitectos y arqueólogos, entre los que me encontraba. Y en la administración,
y en el juzgado, hay escritos firmados también por mí, a título personal. No es
cierto, por tanto, que no se haya alzado la voz de ningún arqueólogo.
Nos llama la atención ver en el artículo cómo el señor Amores quita capacidad a
algunos arquitectos para hablar de arqueología, y él se siente, sin embargo,
autorizado para hablar de Arquitectura, de la importancia de la luz, de los
problemas de distribución interior del edificio o de su estabilidad.
Uno de los problemas fundamentales para rechazar por completo el proyecto del
señor Vázquez Consuegra es la construcción de unos centenares de micro pilotes
de hormigón alrededor de los pilares medievales de ladrillo. De ellos se ha
dicho a veces que impedirán que las Atarazanas puedan excavarse por completo. Y
el señor Amores dice que por completo no, pero que en el 99% sí. Pero no es en
el sentido espacial como lo entendemos nosotros, sino en el simplemente
estético. Los micro pilotes impedirán la excavación completa de las Atarazanas
porque resultará ridículo excavar un monumento espectacular, único en Europa,
como Fernando Amores reconoce, para ver un bosque de pilares medievales de
ladrillo rodeados por completo, ocultados, escondidos, como si faltaran y
hubieran sido reconstruidos, por unos lienzos de hormigón, de manera que queden
al descubierto los arcos de ladrillo y a éstos apoyados en pilotes de hormigón.
Habría que dejar lógicamente enterrados estos pilotes y por tanto no se podría
excavar donde los hubiera, y los va a haber por todas partes. O, si se decide
excavar, habría que volver a echar las tierras en el interior del monumento,
utilizarlo como vertedero, para esconderlos.
Alega el señor Vázquez Consuegra que son necesarios estos micro pilotes porque
el edificio está en estado ruinoso. Una mentira con apariencia de verdad. Y lo
decimos basados en los numerosos artículos que hemos leído y conferencias que
hemos escuchado, no sólo de los arquitectos García Tapial y Mendoza, que no son
unos vulgares arquitectos, aunque sean arquitectos con minúscula, sino de todas
las instituciones nacionales e internacionales, entre ellas diversas Reales
Academias, que se han interesado por el monumento. Ni una sola de ellas defiende
la legitimidad del proyecto. Y más nos convencen sus razones, que las del
arquitecto, con mayúscula, como Fernando Amores quiere que se le llame al señor
Vázquez Consuegra. Y lo respetamos, porque hay un Dios, y muchos dioses.
Alega el señor Amores su experiencia en otros monumentos. Pero tendríamos que
decir que los resultados de sus actuaciones no han sido siempre las más
adecuadas. Y pensamos en las excavaciones del mercado de Triana, antiguo
castillo de San Jorge, y el éxito ruinoso de su museo; en los restos de la
Plaza de la Encarnación, que iban a ser el Guggenheim de Sevilla, y ahora
tienen que ser mantenidos por el Alcázar; y en los hornos de Niculoso Pisano,
de la calle Pureza, de los que nada puede verse, ni siquiera los restos que allí
se encontraron en el recientemente abierto Museo de Cerámica de Triana; y en
las excavaciones de El Carambolo, donde en su opinión se había encontrado el
mayor santuario fenicio de Occidente, por el que habrían transitado los bueyes
destinados al sacrificio adornados con las joyas del tesoro, y el cual fue
cubierto por una losa de hormigón, que el mismo Amores considera
"vergonzosa". Pero que se echó pensando que era algo reversible, pues
en cualquier momento podía levantarse. De los micro pilotes que el arquitecto
Vázquez Consuegra quiere clavar en las Atarazanas dice él ahora que no tocan a
los pilares, y que en cualquier momento podrían quitarse también si se cree
necesario. Seamos sinceros, ¿cuándo? ¿Antes o después que la vergonzosa losa de
hormigón del Carambolo?
Porque la losa del Carambolo se echó para preservar para el futuro los restos
del presunto santuario. Digamos que es excesivo, pero que, al menos
teóricamente, se justifica. Quizá llegue el día en que seamos capaces de
levantar la losa y seguir excavando el presunto santuario. Pero los micro
pilotes de las Atarazanas ¿para qué son? Pues son tan sólo para poder echar
sobre las cubiertas del monumento otra losa de hormigón, que soporte una plaza
en la que pueda abrirse una cafetería, una cafetería más, y junto a ella un
salón de actos, porque el que actualmente existe en la planta baja, obra
reciente del arquitecto Antonio Barrionuevo, ejemplar por lo respetuosa que fue
con el monumento, se derriba en el proyecto. ¿Tiene sentido? A su lado, la vergonzosa
losa de hormigón del Carambolo, aun siendo vergonzosa, resulta justificable.