viernes, 23 de enero de 2015

Seguimos con la saga de la Escuela de Jardineria

La Historia de Forja XXI: 22 años de "Fiesta" para terminar en ruina
·                                 Los gestores de la fundación mimada por la Junta no escatimaron en   gastos en su sede
·                                 EL MUNDO accede al interior de la Hacienda Su Eminencia


Perspectiva del despacho que ocupaba el director general de Forja XXI en la sede central. CARLOS MÁRQUEZ
Actualizado: 19/01/2015 08:35 horas
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Una impresionante puerta de madera maciza, de dos hojas, diseño moderno y con el emblema de Forja XXI guarda la que fuese sede central de la fundación, una hacienda del siglo XVII que sirvió como residencia del alto clero sevillano. Tras franquear los muros que rodean al complejo lo primero que llama la atención es el histórico edificio que se alza en el centro, recuperado hasta el más mínimo detalle y al que rodean unos jardines hoy abandonados pero cuya disposición y aspecto permiten intuir su antiguo esplendor.
Junto a la puerta principal, una placa conmemorativa recuerda que estas dependencias «fueron inauguradas por el excelentísimo señor presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves» el 19 de enero de 2004. Es la primera muestra de hasta qué punto Forja XXI y la Junta de Andalucía (los gobiernos socialistas de Chaves y José Antonio Griñán especialmente) mantenían estrechos vínculos.
No en vano, durante décadas la Junta inyectó decenas de millones de euros en una entidad teóricamente social que dirigió desde su creación Juan José Ruiz Márquez, cuñado del ex consejero y ex número dos del PSOE andaluz Luis Pizarro.
Los vínculos con el PSOE fueron clave: el director es cuñado de Luis Pizarro
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Si por fuera no deja indiferente, por dentro el inmueble impresiona. Sobre todo por la magnífica restauración de la que fue objeto hace más de una década. Salta a la vista que no se reparó en gastos. De hecho, la factura de la rehabilitación de la Hacienda Su Eminencia, como es conocido el complejo, rozó los dos millones de euros. Las puertas y ventanas son las originales de la hacienda, los frescos que adornaban los techos de algunas de las salas lucen como cuando los pintaron gracias a una iluminación que fue específicamente diseñada para estas estancias y que permite admirar muros, bóvedas y artesonados como el del que fuera salón de actos de Forja XXI, donde no falta ni un piano, aún hoy prácticamente afinado.
Escaleras arriba se encuentran las oficinas administrativas y los despachos desde donde se gestionaban las millonarias subvenciones que convirtieron a Forja XXI en una de las principales entidades formativas de la comunidad, con más de 600 trabajadores, sedes en todas las capitales y hasta proyectos internacionales. De aquel esplendor da idea la magnitud de las dependencias donde trabajaban los administrativos y, sobre todo, los despachos de los responsables, todos dotados de las más modernas comodidades, incluido un suelo de tarima radiante que mantenía a los directivos de la Fundación en una más que cómoda calidez durante años, mientras el castillo de naipes se mantenía en pie con las ayudas públicas.
Lujo de saldo
El despacho del director general ocupa la estancia principal de la planta noble. Con amplios ventanales a los jardines está amueblado con todas las comodidades y todo el suelo es de madera maciza con calefacción debajo. Los bienes de la Fundación Forja XXI -los que no han desaparecido- se están vendiendo por lotes o separadamente para obtener liquidez y hacer frente a las deudas. Pantallas de ordenador, coches, la cocina... Todo está a la venta. La sede principal de Forja XXI está en alquiler como oficinas. La gestión del arrendamiento la lleva una inmobiliaria de lujo, que la ofrece por 15.000 euros al mes.

Las irregularidades en la gestión -con subvenciones no justificadas y contratos ilegales- y el drástico recorte en la financiación acabaron con la fiesta, hasta el punto de que el pasado mes de julio el Juzgado de lo Mercantil 1 de Sevilla declaró a Forja XXI en concurso de acreedores necesario. Como ha publicado este periódico, la fundación tiene un agujero de ocho millones de euros que adeuda a más de 2.300 acreedores.
De los 600 empleados que llegó a tener no queda hoy ni rastro en la hacienda ubicada en La Negrilla. Las mesas están desiertas y cubiertas de polvo y en algunas de ellas se aprecia la marca del ordenador que un día desapareció junto a documentos y maquinaria de los talleres en un extraño robo que tuvo lugar poco antes de la intervención judicial y que los directivos sólo denunciaron meses después de que pasase.
En realidad, Forja XXI no se ha quedado sin plantilla... del todo. El director general, Juan José Ruiz, sigue a sueldo de la entidad. El inquilino del espectacular despacho de la segunda planta desde el que dirigía la fundación (20 o 30 metros cuadrados de maderas y muebles nobles) se blindó con un contrato de 91.000 euros al año que le garantiza 45 días por año trabajado en caso de despido. Unas condiciones que han disuadido, al menos por el momento, al administrador concursal de destituirle porque abocaría a Forja XXI a la inmediata liquidación.
Paseando por las estancias de este edificio monumental se respira el poderío que llegó a tener esta fundación, creada al calor de la Expo 92 y con el canónigo de la Catedral Manuel Benigno García -vinculado al ex presidente Felipe González, por cierto- como principal impulsor. Uno se pregunta al subir a la azotea desde la que se divisa hasta la Giralda cómo es posible que algo tan grande se desplome tan rápido, pero claro así son los castillos de naipes.
Todo está hoy abandonado y la orgullosa sede de Forja XXI es apenas una sombra de lo que fue. Los jardines crecen salvajes y el polvo lo cubre todo. Está claro que la fiesta se ha acabado.


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Deben de exigirse responsabilidades a quien corresponda, sea quien sea. Es algo que demandamos los ciudadanos sensibles y honrados  


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